lunes, 5 de marzo de 2018

LA LUCHA DIARIA DE LAS MUJERES SIN TECHO

En España de los más de 50.000 personas sin hogar, 10.000 son mujeres que en la calle tienen que lidiar con la violencia del sistema y la violencia de la propia calle. Dentro del colectivo 'sintecho' la mujer es víctima de todo tipo de violencias.

Muchas mujeres sin hogar han sido violadas o se han encontrado con la dificultad de ejercer sus necesidades básicas que se diferencian de las necesidades del hombre 'sintecho'.

La higiene al raso supone una dificultad y la inmensa mayoría de establecimientos niegan a diario la entrada en sus instalaciones a las mujeres que muchas veces se ven obligadas a lavarse sin intimidad alguna en las fuentes públicas con la dificultad que ello conlleva.

Muchos albergues que se han privatizado desde el inicio de la crisis ofertan pocas plazas para las mujeres y los albergues que gestiona la iglesia con fondos públicos, oferta plazas solo para hombres. El concepto de paridad en esta cuestión adquiere otra dimensión que se traduce en miles de mujeres en la calle todos los días. Imaginemos los insultos, las agresiones machistas y el desprecio que tienen que soportar una vez en la calle no sólo como mujeres sino además como mujeres sin hogar. Una habitación propia es un lujo en esta pesadilla alimentada por el capitalismo patriarcal.

Lo más básico para cualquier mujer es una lucha diaria para las compañeras sin hogar, para quienes el 8 de marzo es todos los días, también a pie de calle, a pie de lucha por la supervivencia, demostrando la fuerza de la que son capaces a pesar de tenerlo todo en contra.

Vivimos en una sociedad patriarcal donde ser mujer es difícil no ser ignorada y discriminada, imaginad por un instante lo que supone todo esto para las mujeres sin hogar.

Por último, el ensañamiento de las instituciones contra la mujer empobrecida, cuando el sistema roba lo más apreciado para cualquier madre, arrebatando los hijos y las hijas de las compañeras de la calle quedándose con un dolor inmenso en la jungla del asfalto que las apaga poco a poco. Las instituciones que las criminalizan no ofrecen ninguna alternativa, reforzando el castigo como solución. Muchas mamás se han suicidado como única manera de descansar del dolor y la desesperación.

Si te encuentras con una mujer en la calle aparta tus miedos, no les niegues la mirada ni la sonrisa y reconocelas como compañeras de lucha que están al pie del cañón.















2 comentarios:

  1. Estar en la calle es duro, te enfrentas al desprecio de la gente, no tienes nada y nada te pertenece. Esto quiere decir que puedes dormir si te dejan, comer si te dan, lavarte si te permiten... Te sientes como un despojo y "le cojes rabia a la gente normal" porque sabes que no tienes la culpa de estar así, no es justo ellos pueden tener vidas y tú no.
    Si todo esto lo vives como mujer, aparte tienes que lidiar con el sentido de la propiedad, piensan que si les hablas o te arrimas es para que te protejan a cambio de sexo, ¿quienes? pues puede ser cualquiera, normalmente otra gente de la calle, por suerte no todos los tios son así. Luego están los listos, los que se confunden e intentan comprarte, los que se confunden más aún e intentan venderte, los que viven confundidos e intentan pasarse y se van con la cara como un cromo.
    Así que muchas gracias compañero por que nadie habla de esto, y tu has abierto el tema.
    Gracias por tu artículo.

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  2. Estos malos políticos nos engañan, mienten y nos dejan en la miseria mientras se suben sus super sueldos y discuten por temas de culebrón, cuando su trabajo debería ser solucionar los problemas que han probocado con su crisis económica y se la están cobrando a los más desfavorecidos. Si Joaquín García de la Asociación Víctimas del Paro fuese presidente, seguro que no habría nadie durmiendo en la calle o hambrienta. Hay muchos trabajos sociales a compensar por recibir una Renta Mínima Garantizada o como la quieran llamar, pero que permita una vida digna a todos/as.
    Gracias Lagarder, por dar ánimo y documentar la realidad de las personas sin techo, sean del sexo que sean. (y)

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